martes, 6 de mayo de 2008

La Espera I


Nada de lo que veían en la tele tenía que ver con el tipo de bufanda que estaban tejiendo con las agujas gordas de madera de algarrobo. Prendían y apagaban el aparato, se comían las uñas de tanto en tanto, y como por arte de magia entrelazaban las puntadas de lana negra en el tejido que ambos contribuían a terminar. Por un lado estaba Tato, con esos bigotes de cola de elefante, el sombrero belga algo manchado de café, y unas hojotas hwaianas adquiridas en un local de moda bárbaro de la calle Santa Fe. Por otro lado, a veces dormido, a veces escarbando la nariz con entusiasmo, estaba Peluca, con ese casco de rulos blancos que revivían los setenta, un short de tenis muy limpio y planchado, una remera a rayas, y un par de zapatillas sport que le hacía juego con la muñequera de toalla.
Cada vez que Peluca se escarbaba la nariz, Tato se miraba en un espejo de mano que guardaba en el bolsillo de su camisa. Peluca convertía en albóndiga su moco, lo rebosaba con un poco de tierra y lo metía en un frasco con tapa a rosca que decía Penélope, en honor al personaje mítico que admiraba, y susurraba una frase dedicada a la doncella que decía algo así como “Hasta que vuelvas amor mío”.
Así pasaban sus días, tejían de un lado Tato y del otro Peluca y la bufanda se iba acumulando en el medio de los dos dando forma a una montaña de lana negra que en la punta tenía un nido. En el nido, y casi igual que la canción del balde, estaba Caramelo, un pajarillo de pocas plumas y con las alas siempre extendidas que no cantaba. A veces se le daba por defecar la cabeza de Tato o la de Peluca dependiendo del humor y de la fecha. El pajarillo, que era de color escarlata sostenía en la punta de ambas alas, siempre extendidas, a Tatín y a Peluquín, dos ejemplares en miniatura de Tato y Peluca, que más allá de ser físicamente iguales a los segundos, nada tenían en común y hablaban con ellos casi tanto como los fantasmas con los mortales. Tatín cantaba el himno nacional por la mañana y Pelquín lo alentaba como si fuera un partido de fútbol.
Peluquín preguntó: ¿Es la hora?
Tatín dijo: Más adelante.
Peluquín preguntó: ¿Por qué?
Tatín dijo: Un banco no se roba en una semana, merece siglos de meditación.
Peluquín preguntó: ¿Vamos a robar un banco?
Tatín dijo: Ninguno.
Peluquín preguntó: ¿Entonces?
Tatín dijo: Vamos a hacer algo peor.
Peluquín preguntó: ¿Matar a Caramelo?
Tatín dijo: Entre otras cosas.
Peluquín preguntó: ¿Matar a Tato?
Tatín dijo: Entre otras cosas.
Peluquín preguntó: ¿Matar a Peluca?
Tatín dijo: Entre otras cosas.
Peluquín preguntó: ...
Tatín dijo: No preguntes más.
P

4 comentarios:

S. dijo...

- ¿Es una canción?
- Entre otras cosas
- ¿es un baile?
- Entre otras cosas
- ¿es una marca de voces, de palabras, de atrocidades hermosas en la piel?
- ... no digas más, que ha sido claro en primera instancia...

(Muy bueno, che)

Cíclopa dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Cíclopa dijo...

Me gustan los dibujos que haces, el arte de pintar, admirar-lo.

Un abrazo
nuevamente

Pd: perdón por el comentario previamente suprimido, es que no sé que apreté e hice macana.

Telémaco dijo...

Más fantástico que el anterior, y eso que el anterior es fantástico.