lunes, 5 de mayo de 2008

Elefantes en tela de araña




Había tres cabras sobre el barandal, este era los suficientemente ancho como para que no cayeran. Se movían como en un subibaja tomadas de los dedos. Los ojos se le agrandaban con la pendiente y disminuía su temor al acercarse entre dos a los fondos.

Desde el oscuro real de una cama que navega, se objetiva nuestra condición, trozos de la tierra, cuerpitos blandos que de nada escapan, que mutan, que rumian.

Ese cacho de cordón umbilical que se corta al nacer, ese olor de fiesta y feria, no da miedo en el principio de un cuento o en el gritar de figuras llenas de colores, pero sí aparece en la cama que navega, objetiva, en la noche de un día tan concreto.

A las cabras les pasó que vino para sumarse un cerdo y todos mutaron para ser más parecidos, entonces, cuando vino la quinta, ya no se sabía si era cabra o cerdo.

Y era una canción que ante el miedo y la gracia empezaron a cantar, era una canción infantil como sus dedos, y decía que un elefante se balanceaba, ridículo, sobre la tela de una araña, pero en cuanto fueron siendo más, la tela ya no se rompería, y lo ridículo cedió al balanceo y la música empezó a sonar en las campanas, tal vez, de una torre enorme.

Desde el oscuro fondo de una cama que navega a la mitad de la noche, como noche singular y objetiva de la vida de una persona, también se dan las campanadas, y resuenan, lejos, estremeciendo lo que antes no hizo bailar.


P

1 comentarios:

Leli dijo...

mon peitit Pachil, c´est votre ecrit un pedacito de algún Robespiérré todavía sonido que de cerdo cabra que de cabra cerdo

viceversa.

con admiración, L