jueves, 15 de mayo de 2008

Autoayuda II

Profundo un vacío alargado que se extiende entre el estrecho pasillo oblicuo y una puerta pesada. Un eco repetido superpuesto a la caída visible de un rectángulo de madera, y el cuerpo mismo descansando en el piso, callado como un espacio de nada entre montículos oscuros y cuatro paredes blancas. Cinco metros a lo sumo, nada más. Arriba, el techo quieto y un ventilador apagado, las paletas inmóviles y cuatro pares de tornillos que la sostienen y proyectan apenas una sombra. En el centro del ventilador, un cable verde, un cable negro y otro rojo, trenzados, sostienen una bombita de luz transparente y apagada. Se suspende en el aire que la separa del piso.
Hola, digo una vez y vuelve siete veces, siete veces en medio segundo, hola, digo de nuevo, hola, siete veces en cinco metros y después el silencio, después nada. Un resoplido desde la nariz, una exhalación, el aire que se libera casi todo en un instante y en un tiempo subsiguiente se larga el resto, un segundo alargado que susurra hasta que enmudece, la inhalación, seis segundos de demora y de nuevo la nariz que exhala. Dónde queda el punto exacto que rebotan mis palabras, la pared pintada, la esquina cerrada, allá en un ángulo agudo, las marcas del piso y la puerta con picaporte dorado, la cerradura vacía y negra, un silbido que se escapa y pide ayuda. Al menos una sombra se proyecta con mi forma y al menos un círculo oscuro se balancea cuando muevo mí cabeza.
Qué puede protestar el mosquito que deambula, un punto negro con alas, un zumbido que de a poco crece, un pico largo que se para ente lo pelos cortos del antebrazo, tres, cuatro pasos, las piernas se apoyan y casi se escucha cuando perfora la piel y me succiona. Una sacudida de la otra mano, un ruido seco y el mosquito levanta vuelo y se pierde en el pasillo. Como idiota yo, me encierran las puntas altas donde convergen pared, pared y techo, o piso, hola, digo otra vez y vuelven de nuevo los siete holas, vuelven los cinco metros cortos, la pared con ventana, el pasillo, nada, un eco, y después el silencio, hola, le pido a la pared que se deshaga, que deje correr la pequeña vibración de las cuatro letras después de la hache, que se cansen hasta deshacerse, hasta dejar los puntos que la escribieron como granos de arena que nada más escuchan al mar, las olas que rompen y la espuma.
El mosquito en el piso, al lado del rectángulo de madera, el mosquito sube al rectángulo e intenta clavar su pico, un pie mío que se levanta y proyecta su sombra, que patea la madera y la hace dar tres vueltas mientras el mosquito se aleja, mientras el mosquito vuela y se escapa por la cerradura, ya no digo hola, grito, en cambio, grito una mezcla entra la o y la a, y vuelve como una campana, rebota en mi cabeza y la ventana tiembla, el vidrio golpea repetidamente contra el marco de hierro pintado y vuelvo a gritar, y la o rebota y la a se escapa como el mosquito, filosa que deshace la cerradura y abre la puerta y entra el aire, aire fresco de mar, aire que deshace las paredes, las transforma en ventanas, vidrio, y después nada, hola y se aleja el hola en el aire y no vuelve. Una palabra nueva, una palabra hasta entonces desconocida, y otra palabra nueva, se mezclan los intervalos de segundos silenciosos, el mar que acompaña, las vocales desde adentro del aire, el agua, las consonantes flamean clavadas en un punto seguido, en una pausa, una coma, un aire inhalado y después dejan pasar el sonido de la palabra que ya no queda seco, un hola que ahora deja chorrear algunas gotas de agua de su hache, su o su ele y su a, deja y pasa al ras del mar, saltando, mientras gira con otros sonidos, el ruido de espuma que avanza por la arena de la costa hasta que no puede más, se toma un segundo para dejar su silencio, y después vuelve con el mismo ruido. El ruido de gaviotas que no llegan a verse, el constante cotorreo de varios picos que cada tanto callan un momento, se hacen más visibles, y vuelven a perderse en su sonido. Las palabras, cortas, apretadas en cuatro o cinco letras, el espacio en el medio y un silencio que las nombra de vez en cuando, cuando dejan de volar y descansan, cuando quizás sea que están haciendo la plancha, el agua de mar, el agua salada ayuda. Palabras que descansan y se tiran, se relajan, palabras lejos de la tierra, palabras cortas y desapuradas, palabras sin punto, desestresadas, el aire y el agua apenas que salpica.
Palabras cortas y filosas, caen en punta, palabras que rebotan todas en las paredes blancas, la ventana quieta y callada, palabras que llueven dentro, la letra a que vuelve desde la cerradura y queda nada, un agujero negro y el reborde de bronce, los sonidos que caen y rebotan, un solo sonido que se arma, que se forma por el eco, por el ruido que rebota en las paredes y en el vidrio, una mezcla de todas las vocales, las consonantes y el rectángulo de madera que intenta aislarse quieto en sí mismo.
Silencio después de un rato, la puerta y la ventana, el piso de madera y yo, y el silencio, casi circular. Qué se puede decir, todo quedó dicho, ni mi nombre puedo escribir, no queda nada más más que callar, dejarle al silencio un rato, al rectángulo de madera que hable con su mudez, que la puerta se quede quieta y deje a la ventana, la luz que pasa, el hierro de los marcos y el piso y el rectángulo, y después yo, callado, un resoplido desde la nariz, una exhalación, el aire que se libera casi todo en un instante y en un tiempo subsiguiente se larga el resto, un segundo alargado que susurra hasta que enmudece, la inhalación, seis segundos de demora y de nuevo la nariz que exhala, cada vez más apagada y tranquila, recostada en el silencio y con punto de apoyo en el rectángulo, y nada más, al menos por un rato, un tiempo sin sonido.

S.

2 comentarios:

LaNohelia dijo...

Una vez mas, tus palabras son agua en mi boca. El eco que va y viene. Muletillas para palabras minusvalidas.

Cíclopa dijo...

,una palabra se puso un nombre
un nombre se quito las letras dejándose solo una
y temblando y palabra y nombre
se hizo persona
tambaleando
la intención de un sonido escrito
se miró al espejo y solo era hoja
en forma de palabra,