
Promesas
La mujercita miraba de arriba abajo lo que parecía ser un cadáver y repetía en vos alta una frase acerca de que ella no había querido hacerlo y de que el partido de Boca era importante pero no tanto como para que hiciera algo así, después agregaba que era cierto, que era verdad que había sido ella quien le había clavado el puñal y por si las dudas puesto cianuro en el chorizo que le había preparado engañándolo, prometiéndole que iban a ver el partido de Boca juntos y que ella se iba a poner la camiseta para gritar el gol a dos voces y secretar saliva blanca como un perro de la felicidad.
O Dolores
La mujercita se pasaba por las carnes del susodicho y respiraba entrecortada largando de a poco las palabras.
La mujercita miraba de arriba abajo lo que parecía ser un cadáver y repetía en vos alta una frase acerca de que ella no había querido hacerlo y de que el partido de Boca era importante pero no tanto como para que hiciera algo así, después agregaba que era cierto, que era verdad que había sido ella quien le había clavado el puñal y por si las dudas puesto cianuro en el chorizo que le había preparado engañándolo, prometiéndole que iban a ver el partido de Boca juntos y que ella se iba a poner la camiseta para gritar el gol a dos voces y secretar saliva blanca como un perro de la felicidad.
O Dolores
La mujercita se pasaba por las carnes del susodicho y respiraba entrecortada largando de a poco las palabras.
P

1 comentario:
P.: tu "Promesas" es una autopista que nos lleva bien lejos del cianuro, años de veneno, de la solemnidad, como alguna vez Kafka y Becket.
Gracias por torcerle "el cuello al cisne de engañoso plumaje".
Un saludo
Marcelo
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