viernes, 30 de mayo de 2008

Al oído

dos cuerpos callados de bocas
tapadas talladas con pasto seco
desahogo y deshaceres en la punta de dedos
en las voces que acarician
en la talla de un pecho
punta dura de pico duro
no miran y callan y dicen del frío
las paredes de ladrillos, del techo
de un triángulo una ventana redonda
vidrio oscuro y reflejo quebrado
apagado en la opaca marea de botella
perdida negra de madera vieja
tablas rasqueteadas, barnizadas de polvo
una caída, un desliz lijado
en el crujir de los vasos vacíos,
en el ardor de los ojos abiertos,
la palma amplia y los cuerpos hedientos
de sangre transpirada de calores recordados

¿fuimos desnudos en nuestras yemas?
nos separaba el metro pelado
nos unía el hueco destemplado
el filo brillante de palabras heladas
que juntaron hollín en la campana

¿jugamos a las bocas frenéticas?
donde el bordado voluptuoso de un cable
de cobre de alambre,
la parodia
del momento
de la perplejidad
del nosotros caídos en ardor
del nuestro exaltante en un olvido

el placer de un susurro borroneado

S.

6 comentarios:

Cíclopa dijo...

Lo publicaste al fin, que bien!
...La perplejidad caída en nosotros, ah las caídas, benditas sean, vos me entendes...

Un -brazo-

Andrés dijo...

Salve, único hijo varón de Agamenón y Clitemnestra.
Alguna vez fuimos desnudos en nuestras yemas...
pero sólo al tocar la piel del ser amado, logramos vestirnos de ternura.

(j.g.) dijo...

bello escrito, donde leemos la prolongación hipersensorial del cuerpo amado, incluyendo el mobiliario que extiende el espacio del encuentro, lo convexo como perchas en la penumbra, donde cuelga ropa que guarda demasiadas cosas.
abrazo.

Nohelia dijo...

Lo que recuerdo es el brillo de sus ojos y luego la huella de su voz en la estrecha oscuridad. Los besos colgaban de la asustada superficie como relojes de Dalí y caían en los huecos sin duendes y luego sentí su acre olor... las manos se repitieron hasta el cansancio y habian mas manos que lugares para ellas...

Un saludo amigo S.

Nohelia

Xaj dijo...

El susurro muere en el oído del receptor. Deja su cadaver en la cavidad y el sepelio para pagar.

Saluditos.

Marcelo dijo...

Más vale araña en tripa que ciento arañando.

En donde pongo el ojo pongo la mesa.
(Amelia Biaggoni)

Ahora sabemos, "Al oído", que la máquina Singer es una palabra caída de diccionarios de proa. Nos espera detrás de la puerta
con un hacha en la mano.

Un saludo, amigo S.
Marcelo