
una rama que
torcida hace verde
tu miraste
torcida hace verde
tu miraste
caramé mío
granito de miel de
azúcar tibia
granito de miel de
azúcar tibia
te sostengo y
caes cuando no miro
cuando despierto
caes cuando no miro
cuando despierto
L

Orestes: ¿Quién dirá que estamos enfermos?, ¿quién gritará por el punzón que entra con ojos en nuestro cuerpo y lo deja agujereado como un queso, como las minas de Potosí?, ¿dónde queda el lugar para los pervertidos, para los que jadean, para los que salivan? En un rincón, nosotros, los aburridos; parodia de carnaval, ¿qué es el cuerpo, pues? un frenesí; ¿el tiempo escondido?, una voluptuosidad.
de fósforos, de los más cortos. Por el momento, paso, aunque. Paso, de todas formas. Desde luego, no desde luego. Tuve unos segundos pero acababa de llegar. Claro, no había nada más que esto. Nada más que me importara. La luz se refleja en espejos y a veces en piedras. Acaso. La luz. Una sombra mínima ni siquiera puede decirme eso. No puede, digo, pero. Aunque pero nada y te quedás callado. Qué me tenés que decir; el agua se refleja en la luz y en, desde ya, es la luz, perdón, la luz que se refleja en el agua y en. No, todas las piedras no. Tanto de eso no sé. La luz se refleja en espejos y a veces en piedras. ¿Y ése soy yo? Por momentos no, me olvido. Ese, de ahí. Te tengo que creer, en realidad, pero porque no me queda otra. Ese. Unos más y veremos después, como me dijeron; la luz se refleja en espejos y a veces en algunas piedras. También, creo, en el agua. Pero no soy agua, yo soy azul. A veces la luz en el agua. Tampoco piedra. Tampoco. En el blanco un rectángulo, uno que. No siempre, pero a veces. De acá para allá, así, un rectángulo.
"Un momento somos libres, y en el momento siguiente somos esto. Aquí estamos, una vez más entre migas de pan y servilletas manchadas. Este cuchillo ya se congela de grasa. El desorden, la sordidez y la corrupción nos rodean. Nos hemos llevado a la boca cuerpos de pájaros muertos. Es con esas grasientas migas, babeadas en la servilletas, con esos menudos cadáveres, con lo que tenemos que construirnos."
Un amor de un cartelito de baño
vino tinto, círculos vacíos bordó manchados en las servilletas, al menos. El agua en el vaso, y usted, es que yo no soy agua, soy azul, claro que. Rosa y un triángulo, su cuerpo rosa, si bien el agua en vaso transparente, azulejos blancos, mademoiselle, entre ambos, sabe, no queda más que yo.
De plástico venimos... a una botella de coca cola, litro y medio no retornable, flotando en el Río de la Plata, acabaremos como mosquitos de verano. Es una pregunta. Pero de plástico llevamos un ídolo en la frente, un ídolo que fuma y masca coca, un ídolo que tiene bigotes y la boca grande y los bolsillos llenos de billetes falsos, llenos de arroz, de maíz y cebada; los números, los éxitos, pues, son de él... el resto es nuestro; el cuerpo y la cocina, el pedazo de queso viejo, el dulce de batata caliente y la piel gastada... ¿Qué se hará? -esto ya no es pregunta- Con humildad lo propongo, desconozcámoslo y hagamos, de a tres, de a cuatro o de a quinientos; sea, entonces, el resto de nuestras voces, derramado en ése plástico tan mal usado, sea derramado en el ollín y en el azulejo, para que el agua lo lleve a mejor vida.